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Cecilia Podestá / El Rincón del Diablo - poesía

Sirena

¿Cómo será perderse en un tiempo hecho de agua?
Jugar a ser sirena vieja,
                              tan profunda como un abismo que se ahoga
y sólo el tiempo...

                           entonces sólo agua:
                           el paisaje más vacío
                           hecho de nada
                           l l e n o  d e   a g u a
                           andando como algún tiempo más lento
                           afectando algas imaginarias
                           que se conciben a sí mismas como
                                                    cabellos humanos
                                                                 ondeándose

           al viento, al tiempo y al blanco

rozando ya caído
ese pezón duro
           y ennegrecido
formando en contraste los años suyos
                                 los de ella, claro...

su gesto de adiós avanza con ese
                                           tiempoagua
ella con el cuerpo de viento inmenso
             que sale de su boca
para soplar su cabello:
                              algas blancas y largas.

 

© Cecilia Podestá

 

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Canción de amor de María

 

(de Oraciones, canciones y maldiciones de mujeres impuras)

 



Los hombres que me amaron saben de la facilidad que tengo

para destruir una mañana.

 


Saben que duermo con la boca abierta

Despidiendo hasta la última luz que intenté robar de sus cuerpos

Y que poco obtuve.

 

 

Los hombres que me amaron saben como es el hilo mi llanto

y el terco caer de mi baba

lo escucharon al dejarme

y algunas veces y como una maldición

quizá los descubre intentando la nostalgia vana

y pueden volver a oírlo como una canción errante

y volver a amarme y dejarme

con la misma facilidad con la que abren los ojos

para convertirme en una pieza frágil en su memoria.

 

 

ellos saben que regreso a las viejas ciudades que destruimos juntos

buscando el dolor que dejaron como cosas viejas

para que alguna vez se hallen con sorpresa

en nuestra vieja fabula

mudada a un poema tan absurdo como este.

 

 

 

Y saben tanto y tan poco de mi risa

también de las promesas de mi boca

de mi danza obscena y desesperada

de las construcciones edificadas sobre sus frágiles espaldas

y de los proyectos imposibles

convertidos en hermosos laberintos

entre los que fui perdiendo la razón

y perdiéndome yo

sin atarme al hilo que desprendía de sus ropas

y que podía conducirme a la salida.

 

 

Ellos saben que mis ojos no ocultan mi destino

y que he buscado inútilmente el amor en cada uno de sus cuerpos

como si fueran cajas cerradas conteniendo la molicie

de mis construcciones

o el absoluto amor ofrecido a alguien cuyos ojos eran calmos

(distintos a los míos)

alguien que guardaba en su pecho un corazón verdadero

y que no latía terco, amargo y desesperado.

 

 

Tuvieron la seguridad desde la primera vez que me desearon,

que me tendrían

que los amaría sin detenerme a pesar del rechazo

y que serían una intensa fábula

condenada desde su inicio a convertirse en tristeza solamente.

yo supe que jamás me elegirían,

siempre tuve la absoluta certeza de que los recordaría

y escribiría sobre ellos sintiéndome sabia, sola y loca

sentada sobre una silla de patas vacilantes

y arrojándolos

junto a sus nombres

al abismo escrito que toma ya de sus formas.

 

 

Y es que nunca mintieron

porque cada vez que los tuve,

cada vez que los amé deseando el cielo y gritando,

cada vez que dormí como una presa mansa,

tan desprevenida de sus ojos,

abrazada

y exhausta por ellos,

cada vez que los vi tan desnudos

con la vaga luz jugando a hacer sombras sobre sus cuerpos,

cada vez...

 

cada vez supe que me dejarían porque siempre pudieron oler mi cabeza.

 

 

mi cabello nunca cubrió por completo la locura que presintieron

y que nos envolvía como una neblina nauseabunda

que salía de la carne fermentada de mi cabeza

e invadía y detenía el amor como si imantara las agujas de un reloj.

 

 

Mi cuerpo nunca escondió o apresó por completo el animal insano

Y cruelmente sincero

que habita dentro y lo invade

y que habla conmigo como si estuviera vivo.

mis ojos jamás tuvieron el pudor de ocultar mi sentencia.

Y a pesar de eso,

ellos, los hombres que me amaron

dirían que soy una mujer intensa

pero la verdad es que hoy he tenido la certeza de mi locura

en el deseo de cortar mi cabeza adormecida,

o dormir al animal insano de mi cuerpo

para no saber de la sentencia que se lee en mis ojos

sin pudor alguno.

Y es que ya no soy una mujer intensa

Y esos, los hombres que nombro son sólo otra fábula

de los que tocaron mi luz como a una flama

y quemaron sus dedos

desterrándome fugazmente de sus extraños reinos

y haciendo de mí

la carne vencida que se incendia

o el humo que se escribe alrededor de la ceniza

y que es la ceniza sino el presagio de mis ojos en el espejo:

y que son mis ojos sino mi destino escrito y la sentencia:

y cual es la sentencia de esta mujer que escribe sobre el amor

como un cansado error que se reitera sino la inevitable soledad .

 

y donde están ahora los que me desterraron

porque tuvieron miedo de mi locura y de mi amor

sino escondidos en estas líneas vanas

conservados como viejas canciones

y es que este no es otra cosa que un poema que destruye con facilidad otra mañana

y recibe conmigo el rechazo del que va en busca de un corazón puro.

 

 


(Oraciones, canciones y maldiciones de mujeres impuras probablemente no será publicado jamás al igual que muchas de las cosas que escribo. Es un texto en el que pretendí recoger voces de mujeres locas y pecaminosas. Esta: María, no cometió homicidio como las otras, incesto o adulterio sino que terminó haciendo una simple canción sin tonada alguna)

 

© Cecilia Podestá

Poema extraído de su blog:

http://murodecarne.blogspot.com/

 

 

De "La Primera Anunciación"

 

 

Déjame cambiar tu destino virgen,

Niña esclava de José,

Déjame matarte esta noche entre tanta desgracia,

Aquí conmigo,

Dentro de Ti

E iniciando una plegaria

Por tu hijo muerto.

 

No bajes la vista.

No llores, María.

Mírame.

Te haré morir para cambiarlo todo.

Déjame mostrarte un reino distinto

En el que seas Tú, María la madre de mis hijos

Y le digan todos:

Esposa de José el carpintero.

Déjame,

Déjame arrebatar tu vida a ese extraño Señor.

 

 

 

Siente, María, niña esclava de Nazareth,

Cómo el amor de este hombre viejo toca tu cuerpo.

No temas a los latidos entre tus piernas,

O a tus pezones como piedra.

Tampoco a tu desordenada respiración

O a la humedad de tu sexo

Que recibe tembloroso

Mi mano izquierda

Mientras con la otra te toco y acaricio la cara

Despidiendo hasta la última facción de niña.

 

 

 

Tu boca que no sabe besar ha probado ya de la mía

Y te has recostado para recibirme

A mí, a tu marido: José.

Siente ahora entre tus piernas el abismo

Que no cae sino en tu boca,

Que no cae sino en el mismo vientre en el que llevas

Al hijo del señor

Agonizando ahora

Por la fuerza de mi amor

Que te hace mortal entre las mujeres.

Siente el amor de este anciano de noventa y ocho años

Que ahora se aferra a un hato de tus cabellos negros

Con la fuerza y la salud

Que le dio el señor

Para ser el padre de su hijo.

 

 

 

Recíbeme en la muerte de tu destino virgen

En este, tu nuevo bautismo

En el que recibes la vida,

El placer

Y matamos juntos al hijo,

Al Salvador.

 

 

Fragmentos de "La primera anunciación" (Ajos y Zafiros, 2006)

 

© Cecilia Podestá

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DE CUERPOS Y ESPECTROS I

 

Guarda mis muertos esta noche

mañana volverán a mi piel

mojados con el agualaguna

de tu mirada que observa sombras

haciéndole el amor

a la cal de las paredes

y parir quizá vidas muertas.

Nada habrá cambiado

excepto por los muros de cuerpo

cercándose los dos

... entonces cada cosa ha mutado...

 

 

 

ACUARELA

 

Imagino mi muerte

(un cuerpo que parece ser el mío entre los

Ecos del tiempo

Sobre esta caja

/encerrado/

tan llena del aire que son recuerdos

y me envuelven

enfriando las pequeñas paredes de madera,

dándoles el viejo sonido

de la nostalgia

que me hace compañía como

un cuerpo capaz de hacer el amor)

estamos él y yo

(mi cuerpo, mi cuerpo y yo)

La piel es suave

Y pronto estos senos blancos estarán cubiertos

 

 

 

CUERPO DESPIERTO

 

hoy emergen los ojos

como cuerpos ajenos

desnudos

de la música

que los hizo dormir.

lo hacen

temiendo a la magia,

frases,

luces opacas,

inviernos

y ahogos maravillosos.

Han despertado

para ver

un cuerpo muerto y dulce

partido por la mitad

que ya no dice nada más

que alguna nostalgia

lanzada al aire helado.

 

 

 

la Voz de la Manada

 

Yuo

eterno y feroz animal del tiempo

insomne se arrastra hoy sobre la sal de su ciudad

morador del papel y padre de reos culpables

escribe desde su tétrica morada

para poder devorarlos

los arrebata de otro animal del tiempo

hermano suyo menos salvaje

que retrocede negligente

a estos hombres antes del yerro

a otros los arranca con plena justicia de la misma muerte.

estos reos antes de ser devorados

ofrendan sus propias ciudades inútiles a Yuo.

no servirán para extraviar en ellas

las culpas de la memoria

o aplacar el hambre del temible animal

que suicida su cuerpo comiendo la sal en la que vive

como guardián atrapado de la ciudad de los reos.

 

 

 

CORONACIÓN

 

Tengo la costumbre de tragar a mis hombres

cuando quedan dormidos sobre el polvo

también de convertirlos en nausea

junto al viejo escenario que regresa a mi cabeza:

                                  los reinos inservibles

                                  de lata y de cartón

 

que me delatan

como un rey innecesario

que muere inventado

las excusas y hombres que me entierren

y vuelvan a buscarme.

 

entonces reconozco las latas abiertas y vacías

el cartón que me abriga

y algún animal que a cambio de una caricia

me quiso orinar encima.

 

No,

no soy un rey,

Sino solamente un juego que se detuvo distraído en la neblina,

el ruido

y el polvo.

 

Olvidé la coronación.

Respiré la neblina y me quedé dormido.

Perdí una mujer fea de grandes senos

que sonreía para mí y

se desnudaba para que pudiera esconderme del frío

dentro de su cuerpo grande

y de olor a metal oxidado.

 

Olvidé la coronación

respiré hondo dentro de las latas.

Sumergido,

preferí crear un reino de caparazón,

que se extienda

en cualquier mundo que haya dejado de serlo

para convertirse en algo menos que miseria.

 

 

 

LA PRIMERA ANUNCIACIÓN

 

Yo quiero que ese niño nazca muerto, María

Poco me importa ser el padre de un salvador

O el santo que acompañe tu vientre

Tocado por las manos ásperas

De un dios egoísta.




Él

Pondrá sobre tu hijo una corona de espinas

Y lo llevará hacia la cruz de los traidores;

Lo llamarán:

El Rey de los judíos

Pero antes será arrastrado por Jerusalén

Y envidiado por Juan, el hijo de tu prima Isabel,

A ser llamado El Bautista

Que tampoco nace aún en esta tierra

Y tiene ya un destino miserable.




El Tuyo se llamará Jesús

Y le pedirá a un hombre que lo lleve a la gloria

Rogará a un tal Judas que lo entregue a los fariseos,

ÉL venderá su deshonra

Por un lugar en la mesa de los apóstoles

Para la eternidad.




Y en la hora de su muerte

Tu hijo

Partirá hacia los brazos de su padre con dos ladrones,

Tendrá sed

Y morirá diciendo

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.



María,

¿Quién te perdonará a Ti en la vejez?

¿Quién te dará otro hijo sin una muerte o dolor

Que se anuncie en la boca de un ángel malvado?

¿Quién te dará otro hijo que no sea arrebatado

Para el perdón de nuestros sabios pecados?



Por eso, joven esposa, yo quiero que ese niño nazca muerto.




Gabriel,

Me ha dicho ayer en el taller

Que nunca serás mi mujer.

Gabriel, te visitará mañana y no podrás ver su cola de

Rata

O su perfil oscuro.

Te hará caer en la tentación de su dios en el exilio

Y serás la madre de aquel que lleve a su pueblo

A vivir en la culpa de haberlo matado.



Tú los arrastrarás

A vivir escondidos en el temor de desobedecer

A un falso dios,

Que ríe sabiendo ya, que engañó a los hombres

Y les quitó el fuego.




Serás tentada, María

Ascenderás a los cielos a descubrir una mentira

Y te arrepentirás de nunca haber sido mi mujer

De no haber aceptado hermosos vestidos

Ni bebido de mi saliva

Convertida en vino para tu garganta seca.



Serás tentada y yo te seguiré,

Pero escucha bien lo que te digo, niña de Nazareth,

Poco me importa ser el padre al que todos asuman como

El Salvador.

Poco me importa callar cualquier verdad o mentira,

O saber que los hombres serán engañados

Y adorarán a un demonio con piel de cordero.



Yo

Te seguiré en la tentación

Y cuando no mires

Tallaré un dios,

Un verdadero dios de madera para los idólatras.

Pensaré en el becerro de oro

Y reiré cuando los hombres adoren a tu hijo



Y cuando no mires,

Cuando no pongas tus ojos sobre mí

Me tocaré,

Soñando con dormir alguna vez sobre tus piernas

Y, así no lo quiera,

Seré convertido en el santo que acompañe

y adore a tu vientre.

 

Fragmentos de "La primera anunciación" (Ajos y Zafiros, 2006)

 

© Cecilia Podestá

 

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